| Víctor Rolón Santiago nació y vivió toda su vida en el barrio
San Cristóbal, pero estuvo varias temporadas en New York. Desde muy joven demostró
habilidades no solo para cantar la música típica, sino para improvisar. No tenia
educación formal de ninguna clase, casi un analfabeta pero fue dotado de una inteligencia
natural extraordinaria que le permitía abarcar en sus canciones los más variados temas
con exactitud histórica y la dificultad gramatical. Probablemente la pobreza y la
dificultad del ambiente en que vivió no le permitió educarse como su gran capacidad
exigía. No tenia oficio no profesión. Era un andariego, bohemio
pero cociente con cierto refinamiento y delicadeza que le permitía y le abría las
puertas en los lugares mas distinguidos del pueblo por su excelencia de voz y la grandeza
de su inteligencia. En el campo de improvisación, a juicio del Prof. Vega Ramos, de la
oficinas de Relaciones Públicas del municipio de Cayey Víctor fue un verdadero genio.
Como voz autentica criollista, Víctor era el número uno entre los artistas Cayeyanos, en
opinión del Prof. Vega.
Cuando se inauguró el Universidad de PR Recinto de Cayey (entonces el Colegio
Regional) el 24 de agosto de 1974, Don Jame Benítez--entonces presidente de la
Universidad de Puerto Rico--al enterarse de que Víctor Rolón vivía en las más extrema
pobreza, lo fue a visitar en su humilde hogar de San Cristóbal. El cantor se encontraba
enfermo y desanimado, prácticamente en espera de la muerte. El insigne presidente de la
UPR lo invitó a trabajar en mantenimiento en el Colegio Regional de Cayey, ya que don
Jaime, en cierta manera era un bohemio también, sabía de la grandes habilidades del
Víctor para la improvisación.
Víctor recupero su salud. Se ganaba la vida honradamente como trabajador de
mantenimiento en el campus universitario y por las noches se encontraba con su gran amigo,
don Jaime Benítez. Juntos "se daban el palo" y cantaban hasta el amanecer.
Víctor le hacían competencia al insigne intelectual con la ventaja de que siendo un
analfabeta se pudiera dar el lujo de que cuando su verso no le rimaba adecuadamente, lo
hacia rimar de cualquier manera con un disparate--lujo que don Jaime no se podía dar, por
ser quien era--por lo tanto Víctor le daba pelea al presidente de la Universidad de
Puerto Rico.
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